Nota editorial

  • François Gagin Universidad del Valle, Cali, Colombia

##plugins.generic.usageStats.downloads##

##plugins.generic.usageStats.noStats##
Publicado
2019-01-29
Como citar
GAGIN, François. Nota editorial. Praxis Filosófica, [S.l.], n. 48, p. 7 - 9, ene. 2019. ISSN 2389-9387. Disponible en: <http://praxis.univalle.edu.co/index.php/praxis/article/view/7456>. Fecha de acceso: 18 feb. 2019 doi: https://doi.org/10.25100/pfilosofica.v0i48.7456.

Querido Lector,

El paso del tiempo no está marcado únicamente por el cambio anual del calendario y por las acostumbradas celebraciones; mas, ello no nos impide desearle, más allá de las fórmulas requeridas para tales ocasiones, un sereno y alegre 2019, acompañado de un bello espíritu filosófico. Y, puesto que se trata, en filosofía, de honesta y veraz compañía, recordamos con agrado la presencia en septiembre del año pasado del director de Cahiers critiques de philosophie de París VIII, el profesor Bruno Cany, quien, en ocasión del VI Congreso colombiano de estudiantes de filosofía, tuvo un fructífero diálogo con estudiantes y profesores. Ese encuentro fue la oportunidad para celebrar el intercambio entre nuestras dos revistas de una asociación (partenariat) editorial creciente, como por ejemplo el canje publicitario; tendremos la ocasión de referirnos a ese intercambio en el próximo número, mediante la publicación de unos textos que vincula filosóficamente la Universidad de París VIII y la Universidad del Valle. Así mismo, quisiéramos celebrar la presencia de nuevos profesores que conforman los dos comités de Praxis Filosófica; no podemos citarlos a todos y Usted tendrá la disponibilidad de detenerse, si así lo desea, sobre la conformidad de dichos comités que refleja una diversidad internacional y académica. En un modo meramente simbólico y representativo de ese intercambio filosófico, de la Antigüedad a la Modernidad, nos complace saludar al profesor Ricardo Salles de la UNAM y al profesor Alain de Libera, del Collège de France. Vía las instituciones que ambos colegas representan, afianzamos a nuestra medida las asociaciones académicas y administrativas que nuestro Departamento de Filosofía entreteje entre México y Francia.

Deroguemos a nuestra regla y, esta vez, presentemos sintéticamente al corpus en el orden de presentación de los postulados filosóficos asumidos por cada uno de los autores en sus escritos. Por medio de un recordatorio sencillo y sincero en memoria del profesor Jairo Escobar -Usted tiene en mente el homenaje que le rendimos en el número 47-, se regresa a las famosas alegorías platónicas para intentar aprehender, en una inspiración ascética de la filosofía, el efecto de conceptualización de la diánoia y de la realidad de las ideas matemáticas. Ese efecto aprehensivo requiere volver al imperativo inquietante e irónico del Conócete a ti mismo, desde ese llamado al sapere aude del pensamiento crítico kantiano, con el fin de medir los aportes de una cierta comprensión de la modernidad. Puesto que en esa modalidad de precisar los contornos de nuestra actualidad, de nuevo -y no nos asombramos de ello- la presencia de los antiguos se hace patente, asistimos a una reinterpretación de la noción aristotélica de justicia frente al análisis de Hans Kelsen. La historia linda con los valores morales y políticos; para participar de su adhesión o para operar una distancia, es preciso entender también los osados efectos de ruptura hechos por los clásicos en un ordenamiento que tiene todavía unas consecuencias, por lo menos intelectuales, para nuestra actualidad; tal es el caso de la propuesta que considera con precisión una lectura maquiaveliana de la Ciropedia. Esa tarea filosófica no puede olvidar la promesa de una felicidad hic et nunc y lo fáctico de las pasiones humanas; para ello, se impone asentar las condiciones de la existencia humana y de los presupuestos ontológicos que rodean al hombre en su diario vivir. En ese sentido, y de la mano de Michel Henry, se da a ofrecer una interpretación de la metafísica de Spinoza. Cada uno tendrá en mente la famosa distinción spinozista entre las pasiones alegres y las tristes. Esas últimas serían presentes en la dialéctica hegeliana, en el decir de Deleuze. ¿Pero, acaso, el pensador francés, que intenta ser inventivo de cara a una cierta historia de la filosofía, escapa a esta denuncia, al acudir al concepto de diferencia? Quedémonos, por un momento más, en esa intromisión inevitable de los afectos en el quehacer filosófico. La destrucción de los antiguos valores requiere haberlos conocidos en carne propia; en esa medida uno se hace partícipe de los valores de una cultura, sea bajo la forma de una plena adhesión o lo sea bajo la forma de una saludable y cínica provocación. En la vertiente de la genealogía nietzscheana abatir a los ídolos conlleva, lejos de cualquier nihilismo, a una ética de la afirmación. El soporte de la cultura vía el cultivo de unos instintos en desmedro de otros regulan lo que algunos denominarían una maestría del lenguaje. ¿Mas, qué hay de las representaciones del lenguaje si estamos convencidos de que están precisamente asociadas al procesamiento de la información lingüística? Estamos invitados a considerar esa inquietud bajo los parámetros de la semántica informacional ofrecida por Fodor. La virtud, digamos cientifizante, en la filosofía del lenguaje asegura justamente el paso a un examen de la explicación científica; como muestra de ello, se da a conocer, en la versión estructuralista, la concepción unificacionalista de dicha explicación científica en pro de esbozar una concepción conceptualista alternativa. Podríamos objetar que el retorno de lo político-ético es asumido, aunque no sea explícitamente enunciado, en los dominios que le son aparentemente ajenos, tal el caso de la física. Para forzar esa presencia, la lectura de Peter Sloterdijk se vuelve, de algún modo, didáctica; el programa psicopolítico de ese pensador contemporáneo traza no solamente un hilo conductor en su obrar sino también perfila un diagnóstico asombroso en relación con nuestros tiempos. Lo ético es un llamado a lo estético; he aquí una fórmula que puede enunciarse de manera recíproca. Finalmente, una reseña crítica concluye el número sobre la estética de Georg Bertram y su praxis.

Sobra decir que Usted se apoderará de las tesis y de las metodologías que conforman el corpus de ese número para figurar o confortar un pensamiento filosófico que tendrán los contornos de su èthos con la tonalidad de su voz, marca ella, por cierto, de su individualidad y de su identidad.

Unas palabras más. Saludamos, en Colombia, al reciente movimiento estudiantil en sus exigencias en pro de un mayor presupuesto para una universidad pública de calidad y deseamos que éste sea un aliento de más para avivar el espíritu crítico de cara a una actualidad donde la paz y las vidas humanas revelan su precariedad y su fragilidad. Si bien esa precariedad y esa fragilidad hacen la sal de una existencia, porque son reveladores de nuestra contingencia y de nuestra ineludible libertad, nos compete, siquiera por medio del pensar, tornar lo absurdo de un morir que no es un bel morir, ese morir soso, ordinario e ignorado, en un escenario de lo trágico donde ya no seríamos espectadores sufridos sino actores sublimes -no digamos ejemplares- adentro, y fuera del Alma Mater.

Nos adivinamos en esas páginas y sabemos que reanudamos con alegría el futuro encuentro en la próxima edición.

¡Que la lectura le sea provechosa!